Eea
Escucha,
a lo lejos se intuía una sutil luz entre las nubes de mi casa-
¿Qué ves?
Ahí estaba ella sirviendo vino a los marineros en su pequeña montaña.
¿Has visto lo que hay ahí fuera? No te hablo de los cerdos, mira bien.
Hermes, como si de Instagram se tratara se despareció algo molesto y me dejó, por fin, tranquila. Las noticias de fuera de la isla ya no me importaban.
Las ninfas miraban sus reflejos en las bonitas lagunas.
El arrecife brillaba como nunca,
y el vino me daba el calor que mi cuerpo necesitaba.
Lo vomité y decidí sumergirme en el mar.
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