Tía
Tía. Mis huracanes internos no me han dejado oírte bien, escucharte y valorarte. Estaba demasiado ocupada intentando no desmoronarme, que dejé de ver los hilos que mueven esta función y me dejé arrastrar y arrancarme. Se me ha olvidado mirar los hilos. Y las manos que nos mueven. Los miedos que nos inventan. Eres luz y yo estoy muy débil. A veces me acuerdo de cómo me siento cuando me abrazas y cuando me acaricias y es de las cosas más bonitas que tengo. Te quiero mucho, la verdad. He visto tus palabras y no las he podido escuchar. Pero espera, porque las estoy recogiendo y guardando en una cajita para poder releerlas tranquila. Sin aires acondicionados, calefacciones ni huracanas. Prometo escucharte, prometo creerte.