Cuando la conocí, ella era todo locura. Inconformismo de cartón. Y bien lo sabía ella .
Yo no se lo quise decir, ambos lo sabíamos pero había algo en su mirada. Un océano. En esos ojos podías ver olas arrasar con fuerza. Acantilados. También había en sus ojos desierto. Y color fuego. 
Podría pegarme siglos tratando de describir  aquella mirada difícil  pero lo que si recuerdo es lo que sentí. Sentí ganas de abrazarla.
La observé, quieto, calmado. Como si estuviera dentro de ella,  sin haberle pedido permiso. No salió de mi boca nada más que un suspiro, que no tardó nada en tomarlo como ofensa, o en realidad como escusa para hablarme. -¿Se puede saber que te pasa a ti?- Dijo con una risilla, casi podría decir que procedente de la luna. 

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